Limpieza de motor

Cuando lavamos el auto, solemos empezar por afuera: lo dejamos impecable, brillante. Después nos tomamos el tiempo para aspirar y acondicionar el interior. Pero, ¿cada cuánto nos acordamos de limpiar el motor, que es el verdadero corazón del auto?​ Con nuestra vida nos pasa exactamente lo mismo. Nos arreglamos, nos vestimos bien, cuidamos nuestra imagen y hasta intentamos mejorar nuestra conducta: no enojarnos, alejarnos de vicios o de personas que nos restan espiritualidad. Limpiamos lo de afuera y lo de adentro pero nos olvidamos de la fuente.​ Jesús nos recordó que «lo que sale de la boca, del corazón sale; y esto contamina al hombre». De nada sirve un auto brillante por fuera si el motor está lleno de suciedad y falla. Por eso, el consejo más sabio de la Escritura no es cuidar la apariencia, sino ir a la raíz: «Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón; porque de él mana la vida».​

No te quedes solo con la fachada. ¿Qué tal si hoy abres el capó de tu vida y le entregas tu corazón a Jesús, para que sea Él quien lo limpie y lo haga nuevo desde adentro?

Bendiciones!

Tu caos no es el fin, es solo el comienzo

Podemos encontrar en Genesis 1:3-5: “3 Y dijo Dios: Sea la luz; y fue la luz. 4 Y vio Dios que la luz era buena; y separó Dios la luz de las tinieblas. 5 Y llamó Dios a la luz Día, y a las tinieblas llamó Noche. Y fue la tarde y la mañana un día.
Hace unos días me vinieron estos versículos a la mente, versículos que a simple vista podemos interpretarlos como la creación del día y la noche. Pero si leemos los 2 primeros versículos lo podemos ver de otra manera. Veamos: Génesis 1:1-2: “1 En el principio creó Dios los cielos y la tierra. 2 Y la tierra estaba desordenada y vacía, y las tinieblas estaban sobre la faz del abismo, y el Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas.
Jesús nos enseñó qué representa la luz y qué las tinieblas. Juan 8:12 dice: “12 Otra vez Jesús les habló, diciendo: Yo soy la luz del mundo; el que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida.
Jesús nos muestra que al seguirlo a Él estaremos en la luz, en vida, mientras que estar en las tinieblas nos puede llevar a mal camino, porque estaríamos apartados de Su gracia.
Pero lo que nos muestra Genesis 1:1-2 es que dentro del desorden que hay en las tinieblas, que desde el principio ya existía, Él se mueve, Él habita y está presente. Esto no quiere decir que es parte de las tinieblas, pero está presente para que lo podamos encontrar.
Buscando a Jesús dentro de las tinieblas lo vamos a encontrar, pero tenemos que estar dispuestos a permitir que Él ponga ese orden dentro de nuestro desorden, dispuestos a abrir nuestra mente y corazón.
Nuestra vida muchas veces es un completo caos. Pero para Dios esto es solo el comienzo. En Génesis 1:3-5 vemos cómo empieza a poner orden separando la luz de las tinieblas porque no pueden estar juntas.
¿Qué pasa cuando prendemos una luz en un lugar muy oscuro? La oscuridad (las tinieblas) desaparece, tomando el control la luz. Esto mismo es lo que pasa cuando lo buscamos con fe y así pasamos a ser luz.
Esto mismo nos manda a hacer en Mateo 5:14-16: “14 Vosotros sois la luz del mundo; una ciudad asentada sobre un monte no se puede esconder. 15 Ni se enciende una luz y se pone debajo de un almud, sino sobre el candelero, y alumbra a todos los que están en casa. 16 Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos.
Para cerrar, dejo una frase que leí que me gustó y motivó a escribir: “Dios no solo creó la luz, sino que Él mismo ES luz, y Él quiere brillar a través tuyo!

Para irnos pensando dejo esta pregunta: ¿Le estás permitiendo a Dios encender Su luz en el área de tu vida que hoy parece más caótica?

Bendiciones!

Abriendo la puerta

Hay un versículo muy conocido y usado: Apocalipsis 3:20: «He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo.»

​Esto nos muestra que los que estamos en Su camino no es de casualidad, que cada uno de los que decidimos abrir esa puerta es por algo.
​Hace unos días, mientras trabajaba, escuché la alabanza «El Rey te mandó a llamar», que habla sobre el rey David que llama a Mefi-boset, que significa «dispensador de vergüenza», a su mesa real. Esto lo podemos encontrat en 2 Samuel 9:1-7: «Dijo David: ¿Ha quedado alguno de la casa de Saúl, a quien haga yo misericordia por amor de Jonatán? 2. Y había un siervo de la casa de Saúl, que se llamaba Siba, al cual llamaron para que viniese a David; y el rey le dijo: ¿Eres tú Siba? Y él respondió: Tu siervo. 3. El rey le dijo: ¿No ha quedado nadie de la casa de Saúl, a quien haga yo misericordia de Dios? Y Siba respondió al rey: Aún ha quedado un hijo de Jonatán, lisiado de los pies. 4. Entonces el rey le preguntó: ¿Dónde está? Y Siba respondió al rey: David, y le trajo de la casa de Maquir hijo de Amiel, de Lodebar. 6. Y vino Mefi-boset, hijo de Jonatán, hijo de Saúl, a David, y se postró sobre su rostro e hizo reverencia. Y dijo David: Mefi-boset. Y él respondió: He aquí tu siervo. 7. Y le dijo David: No tengas temor, porque yo a la verdad haré contigo misericordia por amor de Jonatán tu padre, y te devolveré todas las tierras de Saúl tu padre; y tú comerás siempre a mi mesa.»

​Es interesante ver los significados de las palabras: como mencioné antes, Mefi-boset significa «dispensador de vergüenza«, Lodebar significa «desierto» y «lugar sin palabra«. Y quién no estuvo en ese lugar antes o mismo luego de haber abierto esa bendita puerta.
Mefi-boset era inválido porque de bebé se le cayó a su nodriza y se rompió las piernas. Llevemos esta misma invalidez a las veces que nos hemos sentido sucios espiritualmente, poco dignos de misericordia, escondidos en Lodebar.
​Pero el Señor siempre nos llama con misericordia para sentarnos a Su mesa, en la mesa del Rey.

Los invito a pensar en esto: Mefi-boset no eligió caerse ni quedar lisiado de pequeño, fue un accidente de otro, su nodriza, y lo llevó a mantenerse huyendo. Cuántas veces cargamos con heridas, miedos o limitaciones que nos dejaron rengos espiritualmente por golpes que ni siquiera buscamos, y terminamos escondidos en Lodebar.

La pregunta que nos hago para reflexionar es: ¿Vamos a responder a la mesa del Rey o vamos a seguir midiéndonos por las heridas del pasado?

Bendiciones!