El bicho taladro es un insecto muy chiquito que hace un daño terrible a la madera, tanto en muebles como en los techos. La hembra pone los huevos por una grieta desprotegida en la madera, aproximadamente docientos, de los cuales, al romper, salen las larvas que poco a poco van comiendo la madera por dentro sin que del exterior nos demos cuenta. En los momentos donde sienten que hay ruido o movimiento humano guardan silencio, no hacen nada, pero principalmente por la noche donde todos duermen es donde hacen el trabajo destructivo. Para llegar al punto de hacerse evidente de su existencia y el daño real que hicieron puede pasar entre tres y diez años, que es donde aparecen los agujeros en la madera, por los cuales sale a la vista de todos. Es una de las plagas más difíciles de tratar, existen venenos pero éstos no reparan el daño, solo matan al insecto.
Con el pecado pasa exactamente lo mismo: ingresa por un dolor o resentimiento, por una raíz de amargura, por algo que miramos más tiempo del que debíamos mirar. Entra, se instala y hace daño por dentro, manteniéndose y trabajando en lo oculto de quienes nos rodean. Nos consume lentamente hasta que un día se hace evidente, sale a la luz, y cuando esto pasa la vergüenza, el temor y el qué dirán nos hacen encerrarnos más.
Pero la Biblia nos recuerda algo maravilloso: dice en 1 Juan 1:9 que “Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad.”
El pecado hace su daño en nosotros pero Dios puede restaurarnos, sanarnos y ayudarnos a quitarnos ese pecado que habita dentro nuestro. No debemos olvidar Su promesa en el Salmo 103:3-4: “Él es quien perdona todas tus iniquidades, el que sana todas tus dolencias; el que rescata del hoyo tu vida, el que te corona de favores y misericordias.”. Con esa promesa en mente tengamos más que seguro que seremos libres de ese insecto destructor.
Y vos, ¿hasta cuándo vas a dejar que el pecado actúe como un bicho taladro en lo oculto, en lugar de sacarlo a la luz y dejarlo en las manos de Dios?
¡Bendiciones!
